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jueves, 11 de diciembre de 2008

Memoria

Los sucesos que en apariencia el juliano de nuestros amores nos impone, la misma vida los olvida.O los van a olvidar. Pero nosotros los hinchas necesitamos que duren un poco más, quizá no para siempre. Pero sí un poco más. Y ese durar, esa perduración, que va prolongando los sucesos como un eco débil, es lo que nos da una idea de nuestra propia vida. De nuestra propia vida de hincha por lo menos. Y esto nos da a la vez una idea de nuestra propia perduración... Es por eso que en ocasiones buscamos detener los hechos...que por un momento largo se afirmen en nosotros. Que se claven un poco. Que no desaparezcan tan rápido así no desaparezcamos tras ellos. Sobre todo en estos tiempos, que es todo tan volátil. A lo mejor en algún lugar de nuestra mente de hinchas, pensamos que tras aquellos sucesos julianos se nos va un poco la vida. Y eso en cierta forma es una cara de la memoria; la incansable ansia de vivir una parte de nuestras vidas "viviendo" con nuestro amor. Pensando en nuestro amor. Reconfortándonos, despertando cada mañana y sintiendo que uno de los pensamientos primeros es el equipo de nuestras sinrazones. Y entre esos sucesos que pretendemos detener están las tardes gloriosas y felices. Las tardes donde el corazón quería salirse del pecho hinchado de tanta complacencia. Y están también, y de modo especial, aquellos jugadores que han dejado una huella imborrable para siempre en nosotros. Y no sólo hablo de las grandes glorias de Sportivo Guzmán. Hablo de los que han sabido marcarnos a fuego .Algunos fueron queridos más por su actitud que por ser crack. Y así como queremos que algunas tardes sean eternas, a veces nuestra pretensión irracional nos hace desear que algunos de aquellos jugadores permanezcan en Sportivo por 20 años. Y juntos entren a la cancha Chamorro, Marcelo Coria, Ortiz, Ruoti, Pedro Farias, el mago Rodríguez y otros tantos más. La obstinación del hincha hace que al despertarnos algún día recobremos lo que la noche anterior estábamos a punto de olvidar. O de perder. Porque perder y olvidar a veces suelen ser sinónimos. No sólo para un hincha, sino para todos los hombres. Y cuando hablo de este oficio poco sutil de ser hincha, oficio de lo más mundano si se quiere; hablo de los hinchas normales. Sí normales. Hablo de los que a veces puteamos pero que siempre apoyamos. Que sufrimos y pataleamos .Hablo de la gran mayoría que goza con la victoria. Que se deleita con una gambeta o con una atajada. Que se prende a la radio. Que llora y vive. Que espera la transmisión por la tele. No hablo de los que sólo putean y ni si quiera miran el partido. No menciono si quiera a los que van a hacer quilombo. Me refiero a la mayoría de nosotros. A los hinchas que nos vemos reflejados uno en el otro. Y nos reconocemos fieles y obstinados. Y sentimos que hay algo incorpóreo que nos reúne y nos identifica. Me refiero a los que nos hacemos amigos por el simple hecho de ser hinchas. Aunque vivamos en distintos barrios, provincias, países. Esa sinrazón de ser hincha de un equipo de fútbol es lo que hace que razonemos de cierto modo extraño. Y sé que los hinchas julianos razonamos de un modo extraño. Quizás por eso ésta reflexión. Quizás por eso las ganas de querer guardar en la memoria todos aquellos instantes vibrantes. Y además de querer guardarlos, querer alargarlos. Querer que ciertos sucesos sigan existiendo. Como aquel gol de Coria frente a Concepción Fútbol Club en el 90 o como el gol Ortiz a los gauchos en la misma banda del río Salí (eliminándolos del torneo del interior en 1.991)... o como las paredes entre Valdez y el Turu Vázquez. Será por esas sinrazones que pasivamente dejo que mi cabeza se llene de agua y ahí empiezan a flotar imágenes confusas que no puedo controlar. Safe y Naranjo. Ruoti preparándose para patear un tiro libre ante la barrera adelantada. O a Kike Chamorro llevando una imagen de la virgen. A veces me perece verme a mí mismo en la tribuna de la calle Juramento mirando el partido como quien ve una película ante una pantalla gigante. Pero no una pantalla de plasma. Una pantalla gigante en serio. Una pantalla de ochenta metros. Y ahí observo al negro Suárez ganando una pelota como solamente él puede hacerlo. O en sueños me parece recobrar sensaciones de otras dimensiones. Me recuerdo en esa misma tribuna en épocas remotas. Un partido frente a Atlético Tucumán o San Martín. El juliano convierte el gol del campeonato.Angustiosamente. El grito colectivo explota en el calor de la tarde... Sensaciones que han quedado en mi recuerdo para toda la vida.

Autor: ANONIMO

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